Columnista

thum-simon-bolivar3thum-consejo-medellinthum-consejo

Esta columna no solo hace críticas, también a menudo hace reconocimientos. El transcurrir de la sociedad siempre se presenta como un cuadro convulso de luces y sombras. Hoy quiero referirme a hechos que me parecen alentadores y reclamar atención sobre otros preocupantes.

Alentador el descenso enorme de muertes por violencia política debido al fin definitivo de las hostilidades entre fuerzas oficiales y el movimiento insurgente de las Farc-Ep. Veredas más tranquilas y camas vacías en el Hospital Militar Central en Bogotá son hechos ciertos. Las partes están cumpliendo. Sin embargo, hay fallas en la amnistía y en la seguridad de los exguerrilleros. Centenares siguen en las cárceles. Alarman las muertes aleves de reintegrados o sus familiares.

Alentador el cese de fuego y hostilidades pactado por 101 días (octubre 1° a enero 9) entre el Gobierno y el Eln. Así sea temporal, el hecho de dialogar sin disparar contribuirá a la credibilidad que tanto necesita el proceso de Quito. Alentadora la extraordinaria noticia de que las Autodefensas Gaitanistas de Colombia, Agc, o Clan del Golfo, decidieron adelantar un proceso de acogimiento a la justicia. La información fue dada por el jefe del grupo, alias Otoniel, y corroborada por el vicepresidente Óscar Naranjo. Alentador haber logrado la prohibición constitucional del paramilitarismo que por momentos estuvo en vilo.   

Ello ocurre cuando el paso del papa Francisco por estas tierras, rodeado de multitudes, dejó esbozada una ruta hacia la reconciliación que ya, en el marco de la Semana por la Paz, produjo un significativo encuentro de víctimas con excomandantes paramilitares, excomandantes guerrilleros y un general en retiro de las Fuerzas Armadas oficiales, precisamente para presentar experiencias e iniciativas sobre la construcción de reconciliación.

¿Serán estas manifestaciones las que permitieron al presidente Santos expresar en la Asamblea General de la ONU que “las noticias de Colombia ahora no son de muerte sino de vida”? Ojalá la verdad fuera completa y se reconociera que hay una falta de garantías mínimas para los excombatientes guerrilleros y que menos garantías hay aún para los activistas y dirigentes de la protesta social, participantes en revocatorias y consultas sobre minería e hidrocarburos, reclamantes de tierras, líderes medioambientales, defensores de derechos humanos, dirigentes de víctimas… La gravedad de los atentados persistentes contra dirigentes y activistas sociales no se puede soslayar.

El problema se analiza y se ofrecen pistas de solución en diferentes instancias. Acaba de aparecer el informe "Stop Wars", "Paren la Guerra", en tres nutridos volúmenes debidos al experimentado trabajo del Programa Somos Defensores. Las plataformas de derechos humanos buscan la manera de hacer realidad el punto 5.2 de los Acuerdos de La Habana: compromiso con la protección, el respeto y la garantía de los derechos humanos. Mesas y comisiones de garantías se esfuerzan en formular estrategias eficaces.  

Se anuncia una Semana de Indignación que culminaría en movilización el 12 de octubre, con tres grandes objetivos que solo con nombrarlos se advierte su justeza: vida, cumplimiento y participación (15 puntos). Acciones fundadas y legítimas de los movimientos que no pueden ser respondidas con descalificación y represión. Hay que parar la guerra contra los liderazgos sociales y garantizar protesta sin muerte. Paz real es democracia con garantías para todos.     

Se requiere una acción general ampliamente concertada con un norte definido. Por ello se impulsa la idea de una Cumbre Humanitaria a fin de tocar poderes reales que le siguen apostando y apuntando a la cabeza de los líderes sociales. El nuevo Consejo de Paz, Convivencia y Reconciliación, próximo a reunirse, podría contribuir a que el tema se asuma con la seriedad y urgencia debidos.

Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

La guerra en Colombia es la más larga que ha existido en el hemisferio y tal vez una de las más largas a nivel mundial. Para poder encarar lo que han llamado como el “cierre definitivo del conflicto” se necesita analizar al país como una “continuidad histórica”. Nuestra historiografía nueva o antigua ha periodizado el país y han sido pocos los esfuerzos para analizarla en su integridad (guerras civiles, violencia política y conflicto armado interno). En realidad, nuestra república no ha logrado estructurarse como nación y es posible que se transite por conflictos más complejos para consolidar su finalización. En realidad, tenemos un país donde la multiculturalidad y plurietnicidad no se ha integrado como nación.

Estas hipótesis básicas me sirven de manera macro para significar las dificultades que tiene el país en la búsqueda de que bien se podría denominar como el salto cualitativo de nuestra sociedad a un país inviable política y socialmente a un país viable y reconciliado. Nuestras élites políticas, económicas y militares deben entender que cada decisión que se adopte influye en el futuro para que el ciclo de violencia sistémica y estructurada no se vuelva a repetir. Es precisamente, por no tener una valoración como unidad histórica, que como Sisifo; Colombia repite los ciclos de violencia sistémica. Cada ciclo ha engendrado el Tánatos de la siguiente generación.

Cada uno de los acuerdos suscritos con las FARC debe valorarse y aplicarse en una lógica que mire el pasado. Como unidad histórica, no nos hemos preguntado ¿por qué el proceso de inclusión social y política de los guerrilleros de los años 90, contrario a lo esperado, permitió e incentivó que las organizaciones desaparecieran como estructuras políticas?, ¿por qué a pesar de haberse dado un paso tan trascendental con la Constitución de 1991 el país aceptó una suerte de paralelismo de inconstitucionalidad?, ¿por qué la constitución no logró ser el elemento deslegitimador de la violencia política y por el contrario tuvo que llegarse a los máximos umbrales de degradación para lograr los procesos de paz?

Esta reflexión me permite servir de corolario para analizar un solo aspecto de los acuerdos con las FARC la denominada “responsabilidad del mando superior”, aspecto que debe analizarse en su larga trayectoria histórica dada la multiplicidad de amnistías e indultos aplicados en toda la vida republicana de nuestro país. Cada uno de los acuerdos con las FARC en la realidad no se miran en función de la paz sino en función de la continuidad de la guerra. En la lógica foucaultiana, la política se convierte en la continuidad de la guerra por otros medios y bajo esta óptica no se logrará la erradicación de la violencia sistémica iniciando un nuevo ciclo de violencia política y de exterminio con nuevos eufemismos y estadísticas: pos acuerdo, pos conflicto, neo paramilitarismo, etc. Es tan clara esta lógica que se acude a figuras como el “honor militar”, tan fuertes que la relación de amigo – enemigo son determinadas por sectores en sus análisis en los que se refuerza lo que podríamos llamar como el velo de la ignorancia.

El Estatuto de Roma fue construido reconociendo que muchos hombres, mujeres y niños han sido víctimas de atrocidades que conmovieron la conciencia de la humanidad; donde los crímenes más graves no deben quedar sin castigo y que con él se debe poner fin a la impunidad de los autores, como mecanismo para que tales atrocidades no se vuelvan a repetir. La lógica es muy sencilla si se permite la impunidad a los actores por los hechos más graves, se abre nuevamente un ciclo de violencia política.

La Corte Penal Internacional es un órgano complementario, es decir, solamente actúa si las jurisdicciones nacionales no quieren, no pueden o sustraen a los responsables de los crímenes más graves del ejercicio de la justicia. Cuando un país adopta un marco normativo por debajo de los estándares internacionales no hace otra cosa que alertar al organismo internacional para que se active su competencia y aquí es donde opera el velo de la ignorancia.  Con la decisión de no adoptar el estándar establecido en el artículo 28 del Estatuto de Roma se abre el camino para que el organismo internacional, si políticamente lo considera, active su competencia e interprete esta parte del acuerdo como un conjunto de acciones jurídicas y políticas orientadas a la sustracción del ejercicio de la justicia, amnistías e indultos disfrazados y propicie que la responsabilidad de determinados perpetradores quede en la impunidad y se abra por esa vía nuevamente la violencia sistémica.

Ahora bien, ¿en qué situaciones podría operar el organismo internacional?  Esta pregunta en mi criterio, ya está resuelta por la propia Fiscalía de la Corte Penal Internacional, ésta ha señalado: Respecto a los responsables de las FARC y el ELN siempre que no se haga una adecuada ejecución de sentencias. En relación con los paramilitares, los casos relativos a personas que contribuyeron a la aparición, consolidación y expansión de estos grupos al margen de la ley y frente a los miembros de las fuerzas armadas; los mandos superiores por la comisión de crímenes como autores, o con respecto a su mando son responsables, especialmente de los denominados “falsos positivos”.

Con su decisión por voluntad propia, nuestras Fuerzas Militares están abriendo el camino para que el organismo internacional actúe casi que de facto; no han entendido la complementariedad positiva de la Fiscalía de la Corte Penal internacional, porque el organismo no actúa si el Estado muestra una voluntad “genuina” de cumplimiento frente sus compromisos internacionales libremente adquiridos. Nuevamente opera aquí la visión según la cual los organismos internacionales son una continuación del enemigo.

El artículo 28 del Estatuto establece la responsabilidad del superior y opera tanto para civiles como para militares, por ejemplo respecto a los ministros y viceministros de Defensa. En relación con hechos ocurridos antes, durante y después de los crímenes más graves; se opera en situaciones como la llamada omisión deliberada: el dejar hacer, dejar pasar. Aquí es muy importante señalar que los denominados falsos positivos llegaron a su paroxismo cuando el hoy Presidente Santos era ministro de Defensa, el informe realizado por el General Suárez (Inspector General de las Fuerzas Militares), Mónica Cifuentes (Asesora del Viceministerio de Defensa) y Carlos Franco Echavarría (Director del Programa Presidencial para los Derechos Humanos) sentaron las bases, además de otras medidas, para la toma de llamado a calificar servicios de 27 militares, entre ellos, varios generales no todos responsables de los falsos positivos y de la implementación de 11 medidas por parte de las Fuerzas Militares; esto es lo que se llama en el Derecho Internacional Penal como: contramedidas. 

Una posible intervención de la Fiscalía de la CPI operaría en relación con los superiores militares y civiles por hechos ocurridos, antes de la adopción de las medidas señaladas y posteriores a éstas. Si resultan en impunidad por no haber ejercido un control apropiado sobre esos subordinados, sin adoptar todas las medidas necesarias y razonables a su alcance para prevenir o reprimir su comisión y poner el asunto en conocimiento de las autoridades competentes a los efectos de su investigación y enjuiciamiento.

La inclusión del Derecho Internacional de los Derechos Humanos, el Derecho Penal Internacional y del Derecho Internacional Humanitario como marco de interpretación en los acuerdos es una garantía del Estado respecto a la actuación de los organismos internacionales en su voluntad genuina y de buena fe para el cumplimiento de sus obligaciones internacionales. Los jueces, independientemente de la inclusión o no de los marcos jurídicos en los acuerdos, tienen que emitir sus fallos con fundamento en el bloque de constitucionalidad. Al no hacer precisión por ejemplo con la tipificación de los delitos y crímenes – principio de legalidad -  y el propio artículo 28, se dejan vacíos jurídicos que generan un nivel de inseguridad jurídica tal y como ha venido sucediendo con la jurisdicción de justicia y paz, abriendo las puertas para que operen los organismos internacionales como la Comisión y la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

Igualmente, los militares no se han percatado que adoptar el Derecho Operacional como marco de aplicación e interpretación normativa pude ser de por si problemática para ellos mismos, toda vez, que éste fue adoptado recientemente, a penas cuando Sergio Jaramillo fue viceministro.  ¿cuál será la fuente del derecho operacional aplicable, por ejemplo, en la vigencia de la Directiva 019 o los manuales de contrainsurgencia claramente violatorios de derechos humanos?

Dos reflexiones finales: i) algunos militares querrán someterse a la jurisdicción especial para efectos de obtener los beneficios de los acuerdos, otros eventualmente pueden ser llamados por la jurisdicción Especial caso en el cual gozarán de todas las garantías judiciales establecidas, que están incluidas en el Derecho Internacional. Si se toma como fuente de interpretación el marco normativo, igualmente se puede ocurrir en que otros quieran que sus casos sean revisados por la jurisdicción buscando una mejor suerte de tercera instancia y otros seguirán en el camino de la jurisdicción ordinaria con las consecuencias que ello implica; y, ii) El Estado debe analizar la opción de establecer una agenda de cooperación con la Fiscalía de la Corte Penal Internacional como lo está haciendo con el Consejo de Seguridad con fundamento en la complementariedad positiva.

Carlos Julio Vargas Velandia

Asesor Independiente. Ex asesor Embajada de los Estados Unidos en Colombia, Programa Presidencial para los Derechos Humanos, PNUD, entre otros. Catedrático Universitario.

Tagged under

Todo lo arrasa la corrupción. Todos los países, todos los gobiernos, todos los partidos son protagonistas en algún momento de escándalos por corrupción. Ninguna expresión política, derecha, centro, izquierda, queda a salvo de este flagelo. El descrédito generalizado de la política se debe en gran medida a la corrupción prácticamente universal.

 

La corrupción no se reduce al saqueo del erario público, ya de por sí catastrófico, sino que también hay corrupción en las múltiples formas de abuso de poder: el favorecimiento del interés privado sobre el público, la omisión de acciones de gobierno, el incumplimiento de programas y, en especial, de los fines sociales del Estado, la burla de la representación, participación y legítima protesta ciudadana, la manipulación de la información que nos traslada al mundo tan en boga de la post-verdad. Autoritarismo y guerrerismo basados en mentiras son formas monstruosas de corrupción.

A tal punto han llegado las prácticas corruptas que pueden inclusive afectar la decisión soberana de los electores considerada inexpugnable como se ha visto con el Brexit, el plebiscito sobre los acuerdos de paz en Colombia y la elección del 45° Presidente de los Estados Unidos que se acaba de posesionar en medio de indignada repugnancia por sus enfoques y de denuncias por injerencia externa para manipular al electorado.   

Siguiendo a Enrique Dussel en democracia hay corrupción cuando se deforma el acceso al poder, su mantenimiento o su reproducción. Agrego que hoy la corrupción tiene alcance sistémico y sentido de clase porque, si bien toda la sociedad se perjudica con ella, los más beneficiados son los ricos y poderosos y los más perjudicados son los pobres y débiles. Por eso hay hambre, exclusión, desplazamiento e inmigración incontenibles.

El 9 de diciembre es el día internacional contra la corrupción que antecede al día universal de los derechos humanos. Fácilmente comprensible que sean precisamente los derechos humanos de muchísima gente los grandes afectados con el desbordamiento de prácticas vitandas por inhumanas en el ejercicio de la política y la gestión de lo público (columna de Gustavo Gallón en este diario).
Colombia es un país con un altísimo nivel y múltiples formas de corrupción. Su costo en 2016 sería de 23 billones de pesos (recaudo de la reforma tributaria). En los últimos 11 años, ha aumentado el 600%. En cuanto a la proporción que existe entre la corrupción pública y la privada –dice Elizabeth Ungar, Directora de Transparencia Internacional en Colombia- no hay cifras que nos puedan dar una idea precisa. “Para bailar tango se necesitan dos”. Un botón de muestra, entre muchos, está en el caso de Odebrecht que Gustavo Petro ha ilustrado en video que puede verse en redes

Se están emprendiendo grandes acciones contra la corrupción: adopción de ley por plebiscito porque el Congreso se ha negado a penalizarla con rigor como se necesita, incidente control ciudadano, apropiación cultural de códigos éticos; Contraloría, Procuraduría y Fiscalía anuncian cumplir su papel…


Siempre, sin desmayo, hay que estar vigilantes para que el ejercicio político no se desvirtúe por la corrupción.

Pero “La ética sin más no garantiza la buena política; lo éticamente correcto no equivale a lo políticamente competente, aunque lo segundo requiere lo primero… no está de más recordarlo cuando abundan soluciones morales para problemas políticos y cuando hay alguien que se dedica a ponerlo todo perdido de principios. Un gobierno éticamente intachable no es necesariamente un buen gobierno, aunque no puede haber un buen gobierno si no se respetan unos mínimos éticos. Las comisiones y los códigos éticos tratan de asegurar esos mínimos, nada menos, pero nada más” (Innerarity, 2015).   

@luisisandoval 

Presidente Santos, usted tiene una de las llaves de la paz. Esa puerta no se abre con una sola llave, además de la suya se requiere utilizar al tiempo la que tienen las guerrillas y la que tiene la sociedad. A favor de la paz mediante el diálogo y la negociación están su gobierno, las fuerzas de la Unidad Nacional, las insurgencias políticas y amplios sectores democráticos, eclesiales, académicos, empresariales, sociales y de izquierda y, como nunca antes, la comunidad internacional.

 

Pero el asunto lo amerita. Álvaro Leyva, Carlos Holmes, David Barguil, Iván Cepeda, Monseñor Darío Monsalve, Piedad Córdoba, Ángela Robledo, Clara López, y muchas otras personas destacadas en regiones y bases sociales, han hablado, recientemente, de la necesidad de un pacto por la paz, algo así como un “acuerdo sobre lo fundamental” según la expresión y el entendimiento de Álvaro Gómez Hurtado.

La coyuntura es propicia para tratar el tema porque se avanza con las FARC-EP y ya ingresó el ELN al proceso. La ardua paz no será sostenible si no se logra un acuerdo básico entre el máximo posible de fuerzas sociales y políticas. La paz que comenzó por iniciativa de un Presidente y un Gobierno determinados, tiene que evolucionar hacia un acuerdo que exprese una efectiva voluntad nacional de paz, la cual, a su vez, se traduzca en política de paz de Estado, en cuyo desarrollo se empeñen con verdadero entusiasmo por lo menos los próximos tres gobiernos, cualquiera sea su color.

Para Carlos Holmes Trujillo del Centro Democrático “se requiere un acuerdo político y de Estado sobre el mecanismo de refrendación, porque ninguno de los mecanismos que hoy tenemos es idóneo: no lo es el plebiscito, ni la consulta popular… por eso se necesita un acuerdo político y de Estado, un mecanismo nuevo. Puede ser un congreso transitorio para la paz o una asamblea nacional constituyente con temas definidos”. Monseñor Monsalve, Arzobispo de Cali, considera que “es el momento propicio para impulsar un acuerdo o pacto nacional de voluntades por la paz, un frente por la paz en el que confluyan todos los sectores y la sociedad, el pueblo colombiano”.

Cierto que en febrero pasado el Presidente de la República propuso a todos los partidos el Pacto Nacional por la Paz: “El pacto no significa que se deje de lado la oposición, pues los partidos que no hacen parte de la coalición de gobierno seguirán oponiéndose a algunas o muchas políticas del gobierno, pero todos… apoyan la solución dialogada del conflicto”. El pacto estaría conformado por los tres partidos de la Unidad Nacional: Cambio Radical, el Partido de la U y el Partido Liberal y los de oposición como Alianza Verde, Polo Democrático, Mira, Opción Ciudadana, MAIS y los conservadores.

El único partido importante que no está aún es el Centro Democrático. O sea, no se ha resuelto aún uno de los principales objetivos del Pacto que es contar, ahora y hacia adelante, con la contribución de las fuerzas uribistas a la paz sin lesionar lo actuado. Tampoco pueden estar por fuera de una iniciativa de esta naturaleza los movimientos ciudadanos, sociales, étnicos y populares que tanto han hecho por la paz en las últimas décadas y cuyo concurso hacia el futuro es indispensable.

Desde este modesto rincón de observador de los acontecimientos quiero opinar a favor de un pacto consistente. Creo que es absolutamente necesario que un país vibrante aboque dos definiciones fundamentales: lo que corresponde al orden de constituir la nación, lo fundante, lo fundamental para no vivir en guerra y, a la par, las reglas para el manejo en democracia de una conflictividad que es propia de una sociedad en expansión como la colombiana. Un gabinete de paz, con sentido social y regional, amplio y plural, ayudaría enormemente en esta perspectiva.

El interés de las FARC-EP sobre la propuesta de pacto se refleja en el paso por Bogotá de Enrique Santiago, su brillante abogado en La Habana, para informarse al respecto.

@luisisandoval 

Luis I. Sandoval M

Una semana que pasé, la del 18 de enero, en Boyacá me persuadió que este departamento avanza en condiciones de protagonizar un cambio de grandes dimensiones en su vida social y política. Se aprecia en los hechos, las palabras y la voluntad de líderes institucionales, sociales y académicos

La ocasión la brindó el 8º Encuentro Regional de Redepaz, el correspondiente al Centro del País (Bogotá, Cundinamarca, Boyacá, Meta, Guaviare, Casanare, Arauca). Decenas de municipios de estos departamentos se hicieron presentes.La preparación y realización del encuentro colocó a constructoras y constructores de paz redepacinos en contacto con las nuevas autoridades de Boyacá, el Gobernador Carlos Amaya y su gabinete que el miércoles 20 realizaron un Consejo de Gobierno.

Redepaz contó en su reunión con la presencia de María Alejandra Villamizar, gestora de la Conversación Más Grande del Mundo en la Presidencia de la República y, finalmente, con la del propio Presidente Santos quien visitó el departamento el viernes 22 por el problema de la sequía.

El departamento de la independencia y la libertad vive, desde el padre Gustavo Suárez en la alcaldía de Sogamoso (1995-1997), el ascenso de fuerzas independientes y de una generación joven de líderes políticos, hombres y mujeres, en especial del Partido Verde, partido del actual gobernador, que está generando una forma de gobierno más social, más democrática y más transparente.

Pero no es solo la política formal la que cambia. Boyacá mostró en 2013 y 2015 la capacidad de movilización social del campesinado organizado y en los últimos años ha sorprendido la expansión de programas innovadores de Universidades como la UPTC y la ESAP regional (Boyacá-Casanare). Cada día existen más vasos comunicantes entre gestión pública y academia, entre movimientos sociales y universidad. Las comunidades de fe, muy activas en el impulso a la cultura de reconciliación y convivencia, contribuyen eficazmente a la dinámica de cambio.

El gobernador Amaya y su asesor de Paz, Alejandro Gutiérrez (joven líder liberal), explican cómo “la paz sustantiva no será solo un área de trabajo sino el eje transversal del nuevo plan de desarrollo”. Participación, identidad y memoria, institucionalidad fortalecida e inclusive unos juegos campesinos y un encuentro de jóvenes por la paz están ya en agenda. Lo corrobora el Asesor de Participación, Pedro Pablo Salas (antiguo concejal del Polo en Tunja): “el problema de minería, tan grave en el departamento, se abordará ante todo con diálogo, la protesta social será tratada en clave de paz”.

Boyacá tiene retos enormes: el minifundio deprimido, la pobreza rural, la minería ilegal, los servicios públicos en especial la provisión de agua potable, los efectos de la sequía, el temor de las víctimas a hacerse oír, los coletazos de la violencia por colindar con zonas de confrontación como Casanare y Magdalena Medio. El reto de cesar la importación de residuos tóxicos que están haciendo del departamento una cloaca.

Redepaz-Boyacá, entre cuyos líderes cuenta Rafael Mesa, docente investigador, contribuirá, lo está haciendo ya, al proceso de cambio con la acción de cultura de paz que toca 70 de los 123 municipios del departamento e involucra activamente 56 instituciones educativas. La Red enfatiza en los planes de desarrollo a nivel departamental, provincial y municipal, como primer instrumento de autoridades locales y ciudadanía para hacer previsiones respecto a la implementación de los acuerdos de Paz de La Habana, una vez firmados, como elementos de agenda de paz territorial.

La transición de la guerra a la paz puede convertirse en catalizador del proceso de cambio que ya vive el departamento. Boyacá sería piloto en construcción de paz territorial en Colombia.

@luisinsandoval

Esta columna se nutre de palabras, sentimientos y acciones direccionados a la conquista de la paz. Por eso en esta ocasión trascribo el sabio y hermoso saludo de navidad formulado por el profesor Vladimir Zabala Archila desde el espacio que el 1 y 2 de octubre realizó el Encuentro Nacional de Pedagogía para la Paz, tomando muy en cuenta la directriz que se impartió de divulgarlo por los medios posibles.
Por: Luis I. Sandoval M

“Si puedes ver, en las semillas del tiempo y decir cuál grano crecerá y cuál no, entonces háblame”. Shakespeare, Macbeth. Finaliza este 2015 con buenos augurios desde la construcción de la paz. Esta navidad y toda natividad celebran el nacimiento de los seres humanos primordiales representados en la persona del niño Jesús en nuestra cultura. Habrá pesebres, árboles de navidad y la metáfora de los regalos que son las semillas del tiempo convertidas en frutos de la paz anhelada.

Es el homenaje pedagógico y cultural a la familia, María, José y Jesús en un hogar donde el fuego constituye el símbolo compartido de la fraternidad y la solidaridad. Es la novena de aguinaldos desde el 16 al 24 de diciembre en la cual el árbol representa la abundancia de los granos crecidos en tierra fértil. El árbol de navidad interpreta la naturaleza que muere y la naturaleza que renace. La paz es también con la naturaleza. Pero, ¿y cómo la lograremos?

Rehaciendo el amor sincero y eficaz, sincero porque es impecable, no requiere explicación solo pide acción y compromiso. Eliminando el odio y la envidia y sobre todo el rencor, resentimiento productor de todas las violencias. “cada violencia tiene un olor, una presión sobre el pecho, una típica sensación sobre la piel, tras cuyo rastro es posible encontrar las imágenes que se escabullen para asumir la forma cómoda y rutinaria de lo que muestran día a día las cámaras hastiadas de periódicos y noticieros”. Estas violencias deben morir para que renazca la nación. Para lo cual la comunicación del odio y la desdicha debe terminar.

Pero sigue la pregunta: ¿cómo hacerlo? Múltiples propuestas estarán en conclusiones sesudas que pronto entregaremos. Por ahora insistamos en lo esencial la realización del amor sincero y eficaz.

Este amor que nos revela como somos: amor viene del latín “amma” amor relacionado con la madre, amar la madre, la propia la del otro y la otra, la de todos: la madre tierra. Esto nos caracteriza como especie tratar de ser más humanos derrotando la agresión con la colaboración, con el compartir, con el pensar, pensamos porque existe otro u otra que nos hace pensar en nosotros y nosotras como existencia convivencial. Esta característica es simple y es siempre no hay que perderla.

“Nadie nace amando, el amor se enseña, se aprende es un proceso cultural”. Ese es el propósito de la educación con paz y para la paz. Aspiramos a cambiar los contenidos y mejorar la forma de la educación desde el territorio y con los seres humanos raizales desde una participación incluyente constructora de lo humano, con el respeto, la confianza mutua, la colaboración, la ternura, el acuerdo mutuo, la ayuda mutua derroteros compartidos de pedagogías de acompañamiento participante, sugerente, nunca imponente.

Lo elemental es que estos valores sean visibles, consistentes si en la cotidianidad los enarbolamos y realizamos en la escolaridad todo será más fácil, es decir cualquier estudiante varón o mujer los podrá ejercer con alegría. Y todo colombiano y colombiana lo realizará en el día a día. Por ello, la paz será una fiesta… y empecemos ya en estas navidades.

El 2 y 3 de octubre de este 2015 nos reunimos pedagogos y pedagogas, artistas, jóvenes, niños y niñas, madres de familia, personas en discapacidad colombianos y colombianas de las diferentes regiones y territorios para buscar pedagogías y prácticas culturales que realicen la paz que todos y todas anhelamos. El 17 de diciembre de hace 196 años fundamos a Colombia con la Constitución de Angostura. Nos preparamos para refundarla con este proceso de paz llegando a buen término el próximo año.

@luisisandoval

Luis I. Sandoval M.*

En Colombia el fuego es crecientemente un símbolo de paz. Antorchas, fogatas, grandes pebetero o pequeñas velas son recursos que se emplean con frecuencia para expresar el espíritu, la voluntad y la exigencia de paz a nivel de familias, vecindarios, aldeas o grandes urbes. En Bogotá la víspera del 8 de diciembre el camino a Monserrate se tachona de antorchas y las puertas y ventanas de velitas de colores.

En los últimos años se ha hecho usual en muchos municipios encender el fuego de la paz los jueves a las 5pm como cálido y apremiante desideratum de que se mantenga en pie la mesa de los diálogos de paz en La Habana, que lo propio se haga sin dilación con el ELN y que nadie se levante de la mesa hasta pactar la terminación del conflicto armado hacia la construcción de paz estable y duradera.

Cesar el fuego de la guerra y prender el fuego de la paz, cese unilateral y cese bilateral de fuegos para que se ensanche el fuego de la paz, agilizar en La Habana y desescalar en el país es lo que quiere de manera mayoritaria el pueblo colombiano. Las partes están dando pasos positivos que alivian la victimización que sufre la población inerme: ceses unilaterales, cese de bombardeos, desactivación de minas antipersona, interrupción de reclutamiento y entrenamiento militar, atención humanitaria a presos políticos... todos son de actualidad que expresan como necesidad y propósito cuando se prende el fuego.

El símbolo del fuego está ligado a dos circunstancias que constituyen referentes básicos de la acción colectiva por la paz: el territorio y la movilización. No se construye paz sino en un territorio donde vive una comunidad gestora de paz que desarrolla una agenda de paz. Los sujetos y actores de paz con frecuencia se movilizan en el territorio en afirmación de sus propuestas de paz o en demanda de políticas públicas que se correspondan con el derecho y deber de paz consagrado en el Art. 22 de la Constitución Nacional.

Un fuego prende otro fuego; prendamos este diciembre, persona a persona, barrio a barrio, ciudad a ciudad, el fuego de la paz hasta que toda se ilumine con el fuego ardiente y decidido de la paz.

* Bogotá, 1943
Presidente (colegiado) de Redepaz
Integrante del Consejo Nacional de Paz
Columnista de El Espectador

Estando en el exterior llegan notas que alertan sobre hechos o posturas que estarían poniendo en riesgo la terminacion del conflicto armado interno por la via politica.

Gonzalo Arcila Ramirez que me parece pertinente compartir: "La paz parece convertirse en una realidad gracias a los acuerdos logrados en la Habana. En esa medida la guerra comienza a parecer irreal. Sin embargo, la certidumbre de la paz inminente puede llamar a engaño. Quienes se lucran económica y políticamente de la guerra y no soportan el malestar para su identidad guerrera de la emergencia de una cultura de la paz, han comenzado a moverse en dirección a una ruptura del proceso.

Esa pretensión que se podría considerar inevitable pero sin futuro, tiene hoy condiciones distintas. Los acontecimiento del 13 de noviembre en Paris están creando premisas nuevas para su obrar. Un ejemplo de esa voluntad emergente es la columna de Gustavo Duncan en el Tiempo, el 19 de noviembre, titulada Ruptura Anunciada.

El señor Duncan especula con la posible candidatura de Vargas Lleras a la presidencia para el periodo 2018-2022. Los argumentos esgrimidos le permiten llegar a la siguiente hipótesis: “…si por alguna circunstancia improbable no hay acuerdo, Vargas Lleras tendrá margen para mostrarse como el candidato de la fase final de la guerra, la de la aniquilación de las Farc.”

Hipótesis semejante también se elaboran desde registros conceptuales distintos. Es el caso del profesor Miguel Angel Herrera Zgaib. En el semanario virtual Caja de Herramientas (20-26 de noviembre) plantea lo siguiente “…si se rompe la negociación de Paz contra las FARC-EP, se puede reanudar la campaña de ataque a una organización narco-terrorista.” Agrega a modo de conclusión: “Las cosas están revueltas en el asunto de la paz en Colombia. Estamos muy cerca de que se rompan las negociaciones de paz.”

¿Qué hacer? El movimiento por la paz ha mostrado voluntad persistente y en las actuales condiciones debe elevar su protagonismo. La inercia de la guerra no puede ahogar la negociación. Es necesario no sucumbir a la fatalidad de la reanudación de la guerra con el señuelo de una aniquilación al fin del enemigo". Hasta aquí Arcila.

Otros analistas ven el impacto del 13N y la conjugación con las circunstancias nacionales de diferente manera. Les parece que la nueva guerra que se decreta contra el terrorismo encuentra a gobierno e insurgencia de las Farc con el acuerdo ad portas y que de allí no van a retroceder, ni hay poder que pueda hacerlo. No parece posible decir lo mismo frente al ELN. Esta insurgencia histórica, asimilada a terrorismo, podría ser objeto de exterminio en consonancia con los vientos a nivel global.

El avanzado proceso que vive Colombia no deja de ser frágil no solo por la mesa coja sino por la incertidumbre acerca de que el próximo gobierno sea de paz, porque no se ve que los cambios necesarios se emprendan con decisión (tierra, política, drogas, victimas, equidad, recursos naturales…) y porque las garantías no aparecen; paramilitares siguen atentando contra lideres de tierras, derechos humanos, activistas de paz, periodistas y el Estado sigue reprimiendo duramente la protesta social con encarcelamientos arbitrarios y sanciones a parlamentarios y otras voces legítimamente criticas.

Frente a esta situación tiene razón Arcila en reiterar lo que siempre se ha dicho en esta columna: el actor central de la paz es la sociedad, mas precisamente el movimiento que surja de ella. Este movimiento habra de sintonizarse con el que despunta en Europa con amplia participacion de migrantes ¡contra todas las bombas: paz aqui y alla!

@luisisandoval

Fuente: El espectador.

                                                                                                      iasapax-christi-international                                                    clave