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Luis I. Sandoval M

Una semana que pasé, la del 18 de enero, en Boyacá me persuadió que este departamento avanza en condiciones de protagonizar un cambio de grandes dimensiones en su vida social y política. Se aprecia en los hechos, las palabras y la voluntad de líderes institucionales, sociales y académicos

La ocasión la brindó el 8º Encuentro Regional de Redepaz, el correspondiente al Centro del País (Bogotá, Cundinamarca, Boyacá, Meta, Guaviare, Casanare, Arauca). Decenas de municipios de estos departamentos se hicieron presentes.La preparación y realización del encuentro colocó a constructoras y constructores de paz redepacinos en contacto con las nuevas autoridades de Boyacá, el Gobernador Carlos Amaya y su gabinete que el miércoles 20 realizaron un Consejo de Gobierno.

Redepaz contó en su reunión con la presencia de María Alejandra Villamizar, gestora de la Conversación Más Grande del Mundo en la Presidencia de la República y, finalmente, con la del propio Presidente Santos quien visitó el departamento el viernes 22 por el problema de la sequía.

El departamento de la independencia y la libertad vive, desde el padre Gustavo Suárez en la alcaldía de Sogamoso (1995-1997), el ascenso de fuerzas independientes y de una generación joven de líderes políticos, hombres y mujeres, en especial del Partido Verde, partido del actual gobernador, que está generando una forma de gobierno más social, más democrática y más transparente.

Pero no es solo la política formal la que cambia. Boyacá mostró en 2013 y 2015 la capacidad de movilización social del campesinado organizado y en los últimos años ha sorprendido la expansión de programas innovadores de Universidades como la UPTC y la ESAP regional (Boyacá-Casanare). Cada día existen más vasos comunicantes entre gestión pública y academia, entre movimientos sociales y universidad. Las comunidades de fe, muy activas en el impulso a la cultura de reconciliación y convivencia, contribuyen eficazmente a la dinámica de cambio.

El gobernador Amaya y su asesor de Paz, Alejandro Gutiérrez (joven líder liberal), explican cómo “la paz sustantiva no será solo un área de trabajo sino el eje transversal del nuevo plan de desarrollo”. Participación, identidad y memoria, institucionalidad fortalecida e inclusive unos juegos campesinos y un encuentro de jóvenes por la paz están ya en agenda. Lo corrobora el Asesor de Participación, Pedro Pablo Salas (antiguo concejal del Polo en Tunja): “el problema de minería, tan grave en el departamento, se abordará ante todo con diálogo, la protesta social será tratada en clave de paz”.

Boyacá tiene retos enormes: el minifundio deprimido, la pobreza rural, la minería ilegal, los servicios públicos en especial la provisión de agua potable, los efectos de la sequía, el temor de las víctimas a hacerse oír, los coletazos de la violencia por colindar con zonas de confrontación como Casanare y Magdalena Medio. El reto de cesar la importación de residuos tóxicos que están haciendo del departamento una cloaca.

Redepaz-Boyacá, entre cuyos líderes cuenta Rafael Mesa, docente investigador, contribuirá, lo está haciendo ya, al proceso de cambio con la acción de cultura de paz que toca 70 de los 123 municipios del departamento e involucra activamente 56 instituciones educativas. La Red enfatiza en los planes de desarrollo a nivel departamental, provincial y municipal, como primer instrumento de autoridades locales y ciudadanía para hacer previsiones respecto a la implementación de los acuerdos de Paz de La Habana, una vez firmados, como elementos de agenda de paz territorial.

La transición de la guerra a la paz puede convertirse en catalizador del proceso de cambio que ya vive el departamento. Boyacá sería piloto en construcción de paz territorial en Colombia.

@luisinsandoval

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Esta columna se nutre de palabras, sentimientos y acciones direccionados a la conquista de la paz. Por eso en esta ocasión trascribo el sabio y hermoso saludo de navidad formulado por el profesor Vladimir Zabala Archila desde el espacio que el 1 y 2 de octubre realizó el Encuentro Nacional de Pedagogía para la Paz, tomando muy en cuenta la directriz que se impartió de divulgarlo por los medios posibles.
Por: Luis I. Sandoval M

“Si puedes ver, en las semillas del tiempo y decir cuál grano crecerá y cuál no, entonces háblame”. Shakespeare, Macbeth. Finaliza este 2015 con buenos augurios desde la construcción de la paz. Esta navidad y toda natividad celebran el nacimiento de los seres humanos primordiales representados en la persona del niño Jesús en nuestra cultura. Habrá pesebres, árboles de navidad y la metáfora de los regalos que son las semillas del tiempo convertidas en frutos de la paz anhelada.

Es el homenaje pedagógico y cultural a la familia, María, José y Jesús en un hogar donde el fuego constituye el símbolo compartido de la fraternidad y la solidaridad. Es la novena de aguinaldos desde el 16 al 24 de diciembre en la cual el árbol representa la abundancia de los granos crecidos en tierra fértil. El árbol de navidad interpreta la naturaleza que muere y la naturaleza que renace. La paz es también con la naturaleza. Pero, ¿y cómo la lograremos?

Rehaciendo el amor sincero y eficaz, sincero porque es impecable, no requiere explicación solo pide acción y compromiso. Eliminando el odio y la envidia y sobre todo el rencor, resentimiento productor de todas las violencias. “cada violencia tiene un olor, una presión sobre el pecho, una típica sensación sobre la piel, tras cuyo rastro es posible encontrar las imágenes que se escabullen para asumir la forma cómoda y rutinaria de lo que muestran día a día las cámaras hastiadas de periódicos y noticieros”. Estas violencias deben morir para que renazca la nación. Para lo cual la comunicación del odio y la desdicha debe terminar.

Pero sigue la pregunta: ¿cómo hacerlo? Múltiples propuestas estarán en conclusiones sesudas que pronto entregaremos. Por ahora insistamos en lo esencial la realización del amor sincero y eficaz.

Este amor que nos revela como somos: amor viene del latín “amma” amor relacionado con la madre, amar la madre, la propia la del otro y la otra, la de todos: la madre tierra. Esto nos caracteriza como especie tratar de ser más humanos derrotando la agresión con la colaboración, con el compartir, con el pensar, pensamos porque existe otro u otra que nos hace pensar en nosotros y nosotras como existencia convivencial. Esta característica es simple y es siempre no hay que perderla.

“Nadie nace amando, el amor se enseña, se aprende es un proceso cultural”. Ese es el propósito de la educación con paz y para la paz. Aspiramos a cambiar los contenidos y mejorar la forma de la educación desde el territorio y con los seres humanos raizales desde una participación incluyente constructora de lo humano, con el respeto, la confianza mutua, la colaboración, la ternura, el acuerdo mutuo, la ayuda mutua derroteros compartidos de pedagogías de acompañamiento participante, sugerente, nunca imponente.

Lo elemental es que estos valores sean visibles, consistentes si en la cotidianidad los enarbolamos y realizamos en la escolaridad todo será más fácil, es decir cualquier estudiante varón o mujer los podrá ejercer con alegría. Y todo colombiano y colombiana lo realizará en el día a día. Por ello, la paz será una fiesta… y empecemos ya en estas navidades.

El 2 y 3 de octubre de este 2015 nos reunimos pedagogos y pedagogas, artistas, jóvenes, niños y niñas, madres de familia, personas en discapacidad colombianos y colombianas de las diferentes regiones y territorios para buscar pedagogías y prácticas culturales que realicen la paz que todos y todas anhelamos. El 17 de diciembre de hace 196 años fundamos a Colombia con la Constitución de Angostura. Nos preparamos para refundarla con este proceso de paz llegando a buen término el próximo año.

@luisisandoval

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Luis I. Sandoval M.*

En Colombia el fuego es crecientemente un símbolo de paz. Antorchas, fogatas, grandes pebetero o pequeñas velas son recursos que se emplean con frecuencia para expresar el espíritu, la voluntad y la exigencia de paz a nivel de familias, vecindarios, aldeas o grandes urbes. En Bogotá la víspera del 8 de diciembre el camino a Monserrate se tachona de antorchas y las puertas y ventanas de velitas de colores.

En los últimos años se ha hecho usual en muchos municipios encender el fuego de la paz los jueves a las 5pm como cálido y apremiante desideratum de que se mantenga en pie la mesa de los diálogos de paz en La Habana, que lo propio se haga sin dilación con el ELN y que nadie se levante de la mesa hasta pactar la terminación del conflicto armado hacia la construcción de paz estable y duradera.

Cesar el fuego de la guerra y prender el fuego de la paz, cese unilateral y cese bilateral de fuegos para que se ensanche el fuego de la paz, agilizar en La Habana y desescalar en el país es lo que quiere de manera mayoritaria el pueblo colombiano. Las partes están dando pasos positivos que alivian la victimización que sufre la población inerme: ceses unilaterales, cese de bombardeos, desactivación de minas antipersona, interrupción de reclutamiento y entrenamiento militar, atención humanitaria a presos políticos... todos son de actualidad que expresan como necesidad y propósito cuando se prende el fuego.

El símbolo del fuego está ligado a dos circunstancias que constituyen referentes básicos de la acción colectiva por la paz: el territorio y la movilización. No se construye paz sino en un territorio donde vive una comunidad gestora de paz que desarrolla una agenda de paz. Los sujetos y actores de paz con frecuencia se movilizan en el territorio en afirmación de sus propuestas de paz o en demanda de políticas públicas que se correspondan con el derecho y deber de paz consagrado en el Art. 22 de la Constitución Nacional.

Un fuego prende otro fuego; prendamos este diciembre, persona a persona, barrio a barrio, ciudad a ciudad, el fuego de la paz hasta que toda se ilumine con el fuego ardiente y decidido de la paz.

* Bogotá, 1943
Presidente (colegiado) de Redepaz
Integrante del Consejo Nacional de Paz
Columnista de El Espectador

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Estando en el exterior llegan notas que alertan sobre hechos o posturas que estarían poniendo en riesgo la terminacion del conflicto armado interno por la via politica.

Gonzalo Arcila Ramirez que me parece pertinente compartir: "La paz parece convertirse en una realidad gracias a los acuerdos logrados en la Habana. En esa medida la guerra comienza a parecer irreal. Sin embargo, la certidumbre de la paz inminente puede llamar a engaño. Quienes se lucran económica y políticamente de la guerra y no soportan el malestar para su identidad guerrera de la emergencia de una cultura de la paz, han comenzado a moverse en dirección a una ruptura del proceso.

Esa pretensión que se podría considerar inevitable pero sin futuro, tiene hoy condiciones distintas. Los acontecimiento del 13 de noviembre en Paris están creando premisas nuevas para su obrar. Un ejemplo de esa voluntad emergente es la columna de Gustavo Duncan en el Tiempo, el 19 de noviembre, titulada Ruptura Anunciada.

El señor Duncan especula con la posible candidatura de Vargas Lleras a la presidencia para el periodo 2018-2022. Los argumentos esgrimidos le permiten llegar a la siguiente hipótesis: “…si por alguna circunstancia improbable no hay acuerdo, Vargas Lleras tendrá margen para mostrarse como el candidato de la fase final de la guerra, la de la aniquilación de las Farc.”

Hipótesis semejante también se elaboran desde registros conceptuales distintos. Es el caso del profesor Miguel Angel Herrera Zgaib. En el semanario virtual Caja de Herramientas (20-26 de noviembre) plantea lo siguiente “…si se rompe la negociación de Paz contra las FARC-EP, se puede reanudar la campaña de ataque a una organización narco-terrorista.” Agrega a modo de conclusión: “Las cosas están revueltas en el asunto de la paz en Colombia. Estamos muy cerca de que se rompan las negociaciones de paz.”

¿Qué hacer? El movimiento por la paz ha mostrado voluntad persistente y en las actuales condiciones debe elevar su protagonismo. La inercia de la guerra no puede ahogar la negociación. Es necesario no sucumbir a la fatalidad de la reanudación de la guerra con el señuelo de una aniquilación al fin del enemigo". Hasta aquí Arcila.

Otros analistas ven el impacto del 13N y la conjugación con las circunstancias nacionales de diferente manera. Les parece que la nueva guerra que se decreta contra el terrorismo encuentra a gobierno e insurgencia de las Farc con el acuerdo ad portas y que de allí no van a retroceder, ni hay poder que pueda hacerlo. No parece posible decir lo mismo frente al ELN. Esta insurgencia histórica, asimilada a terrorismo, podría ser objeto de exterminio en consonancia con los vientos a nivel global.

El avanzado proceso que vive Colombia no deja de ser frágil no solo por la mesa coja sino por la incertidumbre acerca de que el próximo gobierno sea de paz, porque no se ve que los cambios necesarios se emprendan con decisión (tierra, política, drogas, victimas, equidad, recursos naturales…) y porque las garantías no aparecen; paramilitares siguen atentando contra lideres de tierras, derechos humanos, activistas de paz, periodistas y el Estado sigue reprimiendo duramente la protesta social con encarcelamientos arbitrarios y sanciones a parlamentarios y otras voces legítimamente criticas.

Frente a esta situación tiene razón Arcila en reiterar lo que siempre se ha dicho en esta columna: el actor central de la paz es la sociedad, mas precisamente el movimiento que surja de ella. Este movimiento habra de sintonizarse con el que despunta en Europa con amplia participacion de migrantes ¡contra todas las bombas: paz aqui y alla!

@luisisandoval

Fuente: El espectador.

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