Derechos en el fútbol: reflexiones desde la cancha

Derechos en el fútbol: reflexiones desde la cancha

La paz se teje en todos los escenarios donde las personas viven, sueñan y trabajan. También en la cancha.

Lo que ocurrió en la fecha 20 de la Liga BetPlay II 2025, cuando los futbolistas de distintos equipos decidieron sentarse o recostarse en el césped apenas sonó el pitazo inicial, no fue un simple gesto deportivo: fue una acción de protesta pacífica y colectiva por la dignidad laboral y los derechos en el fútbol profesional colombiano.

¿Qué pasó en la fecha 20?

Durante los partidos de la jornada, en varios estadios del país, los equipos esperaron el silbato inicial para, en vez de correr tras el balón, sentarse o recostarse en el césped por algunos segundos. Un gesto sencillo, pero contundente, que fue visto en televisión, redes y tribunas, y que rápidamente generó conversación.

La Asociación Colombiana de Futbolistas Profesionales (ACOLFUTPRO) explicó que este acto era una respuesta al incumplimiento de la Dimayor y de la Federación Colombiana de Fútbol (FCF), que el pasado 6 de noviembre decidieron no firmar un acuerdo laboral consensuado desde el 29 de septiembre, tras un proceso de diálogo donde también participó el Ministerio del Trabajo.

El mensaje de los jugadores fue directo:

  • Están ejerciendo su derecho fundamental a la protesta.
  • Reclaman la firma de un acuerdo laboral que recoge avances concretos en sus condiciones de trabajo: un calendario más justo, reglas claras, garantías contractuales y reconocimiento de su organización gremial.

En los mismos días, se conoció la cancelación del registro sindical de ACOLFUTPRO por parte del Ministerio del Trabajo, una decisión que agrava la vulnerabilidad de los futbolistas como trabajadores y que genera preocupación desde una perspectiva de derechos humanos y libertad de asociación.

Lo que está en juego: trabajo digno, diálogo y derechos humanos

Esta protesta no puede leerse sólo como un desacuerdo entre directivos y jugadores. Hay asuntos de fondo que tocan dimensiones sociales más amplias:

  • El derecho al trabajo digno: los futbolistas son trabajadores, no sólo protagonistas del espectáculo. Necesitan reglas claras, estabilidad, descanso, salud y protección social.
  • El derecho a la organización y a la negociación colectiva: fortalecer organizaciones gremiales como ACOLFUTPRO forma parte de las garantías democráticas de cualquier sociedad. Su debilitamiento y desconocimiento envía señales preocupantes en el ámbito laboral.
  • El derecho a la protesta pacífica: sentarse unos segundos no afecta la integridad de nadie; es una expresión simbólica legítima que apela a la conciencia colectiva.

La protesta no violenta ha sido históricamente una herramienta efectiva para visibilizar injusticias, impulsar transformaciones y abrir rutas de diálogo cuando otros mecanismos no han sido suficientes. Ese es el sentido profundo del gesto realizado por los futbolistas.

La paz se juega dentro y fuera de la cancha

El fútbol tiene una enorme capacidad de convocar multitudes, emociones e identidades. Por eso, lo que ocurre en una cancha también refleja lo que somos como país.

Cuando los futbolistas se sientan en el césped para decir “así no se puede seguir”, recuerdan que la paz no es solo ausencia de armas, sino también la existencia de relaciones laborales justas, participación real y respeto por la dignidad de quienes trabajan.

La imagen de los jugadores sentados unos segundos antes de iniciar el partido, deja una pregunta que va más allá del deporte: ¿Qué partido queremos jugar como sociedad: el de la indiferencia o el de la dignidad y la justicia? 

Autor: Julián Patiño – Voluntario de Comunicación Social

Círculos de la palabra con jóvenes indígenas y estudiantes

Círculos de la palabra con jóvenes indígenas y estudiantes

En REDEPAZ estamos comprometidos y comprometidas con la construcción de paz desde todas las esferas y junto a todos los actores posibles de la población. Reconocemos que el trabajo territorial de las comunidades indígenas, afrodescendientes y campesinas ha sido fundamental para transformar las condiciones locales, reconstruir el tejido social y fortalecer la organización comunitaria. En contextos donde la vida digna y  las condiciones de seguridad no siempre están garantizadas, su agencia y capacidad de articulación se ha convertido en un referente para la construcción de paz en Colombia.

Circulos de palabra

Es por ello que, para REDEPAZ, los diálogos y espacios de encuentro y construcción colectiva son fundamentales, de tal manera que se han organizado varios círculos de palabra en los últimos meses con estudiantes, mujeres y hombres indígenas de diferentes comunidades, así como con artistas y líderes sociales para conversar sobre cultura de paz, la construcción de paz desde los territorios y saberes ancestrales, y para rescatar conocimientos y experiencias emergentes a partir del trabajo colectivo.

El cuidado, los afectos, el Buen vivir y lo cotidiano en la construcción de paz

Dentro de las reflexiones derivadas de estos espacios se encontró que la paz, entendida no como objetivo o meta, sino como proceso, es una experiencia viva que se construye desde las esferas de lo cotidiano, afectivo y comunitario; que además necesita de la esperanza, lucha y aspiración de una sociedad justa y digna para hacer contrapeso a los obstáculos, el dolor y la injusticia. La paz encarna en estas acciones cotidianas que usualmente son apreciadas como pequeñas, pero que en la reflexión y proceso emergen como significativas y fundamentales para la construcción de una convivencia más armónica y solidaria, en el marco de las formas y cultura colombiana: el saludo, la danza, la minga, compartir alimentos, tejer, reír, enseñar y aprender con otros. En este sentido, la paz emerge como forma de vida que sostiene los vínculos entre las personas, la naturaleza y el mundo espiritual, independiente de la multiculturalidad, etnia o raza.

Las comunidades indígenas, por ejemplo, reivindican una comprensión ancestral de la paz anclada en el Sumak Kawsay o Buen Vivir, una filosofía que incluye principios como saber comer, saber trabajar, saber danzar, saber meditar, saber amar, saber escuchar, saber hablar bien y saber soñar. Estos saberes no son sólo prácticas individuales, sino formas colectivas de armonía que permiten sostener la vida en dignidad, respeto y reciprocidad. Con ello, nos recogemos a la reflexión de Esteban Ramos en su texto Paz Transformadora, con relación a las condiciones para que se cristalice la paz, pues menciona que “es necesario también que se produzcan interacciones e interrelaciones positivas y dinámicas tales como el apoyo mutuo, la confianza, la reciprocidad y la cooperación entre seres humanos” (Ramos, 2015, p. 36).

circulos de palabra 2

En medio de los círculos de palabra se expuso que el cuidado aparece como una fuerza invisible, pero poderosa, que atraviesa todos los relatos, que atraviesa la vida misma y las posibilidades del cambio. El cuidado de la vida, del otro, del territorio y de la palabra se entiende como una política afectiva y cultural profundamente enraizada en las tradiciones latinoamericanas, en especial en las mujeres y comunidades que sostienen la vida a pesar de la guerra. El cuidado no sólo preserva, también transforma y sostiene. En medio de un país donde el conflicto persiste y la implementación de los acuerdos de paz enfrenta retrocesos y vacíos, las y los participantes afirmaron que seguir construyendo paz sí vale la pena, aunque sea difícil. Esa apuesta por la dignidad, por las nuevas generaciones, por los saberes heredados y por la memoria colectiva, es lo que da sentido a seguir caminando. La paz, en este sentido, no es un destino final, sino una práctica constante de siembra y resistencia en el marco del diálogo, la acción, la participación significativa y la co-construcción, de manera que los modos de vida y lo cotidiano también hacen parte de lo que podemos comprender sobre la paz, especialmente en términos del cuidado:

sin el cuidado por el otro y por la otra, pues es muy difícil sostenernos, es muy difícil seguir aguantando, no aguantando para aguantarse, sino aguantar para seguir caminando si no nos sostenemos el uno al otro (Kamila Cruz, equipo de comunicaciones de REDEPAZ).

abrir nuestro corazón para poder expresarnos realmente como somos para poder acoger no solamente a nuestra familia, sino realmente a todas las personas. Pero está desde eso, desde el respeto, el entendimiento, y en cómo podemos avanzar para poder crear algo bonito (Cerogma, compañero indígena Kogui).

Para poder cuidar es necesario escuchar y dialogar, solo de esta manera se pueden articular las experiencias y conocimientos situados desde la diversidad étnica, sexual, territorial y generacional sin pretender dominio alguno.

La conservación y transmisión de los saberes ancestrales como pilares

Por otro lado, en ambas conversaciones realizadas surgió la importancia de aprender lo tradicional, de conservarlo y transmitirlo a las generaciones más jóvenes de las comunidades indígenas, pues el conocimiento de las y los mayores es resultado de esta transmisión intergeneracional que ahora mismo está siendo desafiada por la pérdida de interés y la intromisión de occidente en la cultura y modos de vida de estas comunidades:

lo entenderíamos como esos hábitos, lo cotidiano, el saludo, el canto, la danza nos permite hablar de esas desigualdades estructurales que existen en nuestros territorios, la violencia, la pobreza, todas estas limitantes en la falta de reconocimiento que existen ante nuestros pueblos indígenas han limitado la construcción de paz, aprender también de los mayores también es un signo de paz, porque, pues, ellos son los que caminan, han caminado más que nosotros y nos enseñan, por ejemplo, sus saberes, sus historias, sus relatos y a través de eso también encontramos la paz, porque no estamos simplemente como en conflictos entre todos, sino compartiendo (Marcela, politóloga y estudiante indígena de los Pastos).

La palabra paz abarca muchas cosas, lo que es la familia, el trabajo, la comunidad, la sociedad, la naturaleza, y creo que siempre nuestros mayores nos han dicho que para entender la paz, desde la visión de la Sierra Nevada […] empieza desde uno mismo, desde la casa, con el entorno, con las autoridades. Primero tenemos que entender y creer, creer en nosotros mismos, en nuestro proceso, en nuestra ley de origen […] Asimismo, dentro de la comunidad, para tener la armonía, ¿cómo se empieza? Por lo menos nosotros, estando con nuestros papás, ellos desde pequeños a nosotros nos enseñan historias, danzas, mirar la chagra, sembrar el significado y las historias de cada semilla. El cómo pagar a la naturaleza espiritualmente para estar en armonía, para estar en paz […] uno nunca deja de aprender, por lo menos mi papá a la edad que tiene dice yo aún no sé nada, y eso que él es mayor […] Entonces, uno nunca deja de aprender, pero para poder construir, primero debemos entender (Cerogma, compañero indígena Kogui).

Eso comienza ya desde el trabajo colectivo entre las personas que están en la comunidad, porque qué nos dicen los mayores, que para tú estar bien, tienes que estar, lo que decían ellas, estar libre del territorio, porque es también sanarte a ti mismo y a sí mismo tú poder transmitirle eso a las personas cercanas a ti. Nosotros debemos alimentar, sanar a nuestros ancestros, a nuestros abuelos, para poder estar en paz. Y para que el propósito por el cual trabajamos, con amor, abriendo nuestros corazones, fluya y podamos transmitir eso a las demás personas. Entonces, para poder tener la paz, poder tener la tranquilidad de realmente un día decirnos estoy en paz, si sería finalmente verlos desde nosotros. Cuando yo sano, también sano el territorio. (trabajadora social indígena Kogui y miembro de REDEPAZ).

La importancia de la juventud, el arte y la esperanza en los procesos de construcción de paz

En medio de estas comprensiones se resaltó la importancia de involucrar a las y los jóvenes en los procesos de diálogo y construcción de paz, pero también recordar la responsabilidad como agentes creadores de estos espacios y procurar su apertura a más jóvenes y miembros de otras comunidades. Se resaltan cualidades importantes en la juventud que aportan para el trabajo por la paz:

Yo creo que es la capacidad que tenemos también de relacionarnos, de tener de alguna manera vitalidad, todavía está dada, pero tenemos la vitalidad de crear, la vitalidad de movilizar, la vitalidad de cuestionarnos, de ejecutar, creo que eso también es muy importante (Laura Morales, equipo de comunicaciones REDEPAZ)

También, el arte se comprendió como uno de los factores esenciales para la construcción de paz:

Cuando yo estoy triste me pongo a tejer, me pongo a hacer aretes, lo que sea, porque nuestras manos son las que nos ayudan a crear todo, crear nuestra vida, crear nuestro pensamiento, a través de la expresión, de la oralidad, el hecho de aprender y adquirir y saber (estudiante indígena Nasa).

A través de la música también se construye paz. Alegría, la paz es alegría, la paz es aprender a entender al otro (Jairo, artista y miembro de REDEPAZ).

Otro factor que emerge como relevante es la esperanza. Esta última entendida como una cualidad que no es fortalecida en nuestras comunidades y que su opuesto, la desesperanza, se constituye como obstáculo para la organización de iniciativas ciudadanas, afectando así la percepción de la capacidad propia de gestión de alternativas cotidianas individuales/colectivas que puedan materializarse en cambios progresivos y significativos. En este sentido, la desesperanza surge como producto de la percepción de falta de cambios significativos, pero también es un factor que dificulta la movilización de recursos propios para gestar transformaciones, para disponerse a la vulnerabilidad y para resignificar el conflicto armado en lo cotidiano, que, en procesos de lento progreso y cuyo impacto no siempre se percibe como significativo o esperado. La construcción de cultura y cotidianidad transformadora y posibilitadora de paz se comprende como un reto al que debe trabajarse con constancia, desde distintos frentes de acción y con múltiples recursos (pedagogía, arte, política, diálogo).

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La necesidad de construir en conjunto y evitar las verdades absolutas

Esta emergencia del otro y la construcción colectiva, implica además unos objetivos conjuntos y la eliminación de expectativas o ganancias individuales, pues estas son las que fracturan los movimientos y profundizan las divergencias que dificultan el trabajo:

tenemos que evitar esas verdades absolutas y empezar a tener principios claros de articulación, ¿sí? Que es muy interesante. Ahorita hay un fenómeno en el tema de la constitución de paz que todo el mundo quiere crear el único movimiento social por la paz […] llamado a articularnos desde las diferencias y empezar a mirar cómo seguimos empujando la carreta, pero respetando siempre las autonomías y no comprendiendo que tenemos una verdad, sino que tenemos ideas que deben ser escuchadas y estructurar ese caminito (Cristian Cabrera, director ejecutivo de REDEPAZ).

Reflexiones finales

Finalmente es claro que el propósito de construir paz y sociedades más justas es lo que moviliza en esencia este trabajo:

Yo creo que vale la pena seguir trabajando en temas de construcción de paz, para que las personas que no han tenido oportunidades, las tengan, para que las personas que tienen las oportunidades también puedan ayudar a que otras personas también las tengan. Creo que trabajar por la paz vale la pena, porque las generaciones futuras merecen una mejor sociedad, y nosotros como los que estamos ahora, merecemos estar en entornos sanos, en temas como la convivencia, el respeto, para mí trabajar en este tema de paz, también es como el propósito de llegar a esas personas que son ajenas o indiferentes, que quizás sí tienen la culpa, simplemente es como el día a día que los consumen, y nunca se han sentado a pensar en esas cosas, entonces también vale la pena llegar a ellos, y si llegamos a ellos, seguramente eso se va a replicar en sus espacios, y eso se vuelve una bola de nieve, que va a poder tener esas pequeñas transformaciones que requerimos como país (Kamila Cruz, equipo de comunicaciones de REDEPAZ).

Agradecimientos especiales a las compañeras y compañeros indígenas que aceptaron participar en estos espacios y compartir su conocimiento con nosotras, así como a los diferentes integrantes de REDEPAZ que también estuvieron involucrados.

Referencias:

Ramos, E. A. (2015) Paz transformadora (y participativa) Teoría y método de la paz y el conflicto desde la perspectiva sociopráxica (1ra ed.) Instituto Universitario en Democracia Paz y Seguridad (IUDPAS). 

Autor: Sara Rojas y Andrea Mitis – Pasantes de Psicología de la Universidad Externado de Colombia

Reclutamiento: Niñez en la mira

Reclutamiento: Niñez en la mira

Hablar de reclutamiento forzado de niños, niñas y adolescentes (NNA) en 2025 no es simplemente mirar al pasado, es describir un presente incómodo. Tras el Acuerdo de Paz con las FARC-EP en 2016, el país tuvo una reducción en ciertas violencias, pero el reclutamiento no cesó, simplemente mutó. Actualmente, persisten dinámicas en territorios atravesados por economías ilegales, débil presencia estatal y disputas entre actores armados como las disidencias de las FARC, ELN, estructuras narco-paramilitares y redes locales. 

Confirmado por la Defensoría del Pueblo en 2023 se registraron 184 casos; en 2024, 463 (de los cuales 230 corresponden a niños y niñas indígenas) y en los primeros meses de 2025, la ONU verificó 51 casos entre 118 alegaciones recibidas.  

Este artículo parte del trabajo que hemos adelantado en REDEPAZ para explicar cómo se está reclutando hoy, por qué persiste y qué podemos hacer al respecto. Así mismo, busca transformar información en acción y sensibilización para la protección efectiva.

El presente del reclutamiento: un problema activo y selectivo

La curva no baja, en 2024 los casos prácticamente se duplicaron frente a 2023, con un patrón cada vez más selectivo: niñas, niños y adolescentes indígenas y afrodescendientes concentran un peso desproporcionado. Departamentos como Cauca, Chocó, Nariño, Antioquia, Valle del Cauca, Norte de Santander, Santander y Huila aparecen de forma repetida en reportes y alertas. Por eso, es fundamental comprender que no se trata solo de presencia armada; es la combinación de abandono institucional, economías ilícitas y normalización de la violencia la que deja a la niñez en la línea de fuego.

Llegar a considerar el reclutamiento como un “problema residual” es minimizarlo, lo que vemos es una reconfiguración del conflicto, evidenciado en disputas entre disidencias, expansión de redes de narcotráfico y formas de control social que capturan tempranamente a adolescentes, especialmente donde la educación no alcanza, el trabajo infantil aparece como necesidad y la seguridad cotidiana depende de actores armados.

Viejas y nuevas formas de reclutamiento

En cuanto a la persuasión, es un tema central de este flagelo. Informes recientes de Naciones Unidas reportan que alrededor del 30 % de las víctimas fueron vinculadas mediante ofertas de dinero, regalos (desde ropa o comida hasta motocicletas) y “oportunidades” enfocadas en una mejor economía. También se financian eventos deportivos o culturales como partidos de fútbol y fiestas, que funcionan como escenarios de acercamiento y enganche para estos grupos armados.

Con la inmersión y el avance agigantado de los medios digitales, las formas de reclutamiento han mutado y se han adaptado a las demandas contemporáneas. De acuerdo con Indepaz, se han identificado al menos 85 cuentas asociadas a estructuras como el Estado Mayor Central, Segunda Marquetalia, ELN y Clan del Golfo en plataformas como TikTok, Facebook e Instagram.

En TikTok, las cuentas son volátiles, aparecen, desaparecen y se renuevan para evadir trazabilidad, al igual la estética combina música popular en el grueso poblacional, con letras propias que glorifican armas, “adrenalina” y economías ilegales; se usan hashtags y variaciones ortográficas de nombres para burlar filtros. Las piezas exhiben armas, símbolos de grupo, lujos, cuatrimotos, fiestas, y escenas de la vida local, como ferias, polideportivos y vías familiares para la población. No es casual, se busca legitimidad y sentido de pertenencia.

El público objetivo se concentra entre 12 y 17 años, en perfiles masculinos predominan armas, dinero, vehículos o cultivos ilícitos; en los femeninos, la sexualización y el formato “selfie”. La música (muchas veces sonidos tradicionales de la zona) activa una conexión cultural que vuelve el mensaje más cercano, en términos territoriales, Cauca concentra cerca del 71 % de las cuentas observadas, seguido de Caquetá y Nariño, podemos ver que el reclutamiento no ocurre en el vacío, las víctimas suelen venir de hogares monoparentales con ingresos inestables; muchas ya están trabajando a corta edad. Otras no pueden asistir regularmente a la escuela, por costos, trayectos inseguros o acoso escolar, incluso hay casos de enfermedad, discapacidad o consumo problemático y trayectorias marcadas por violencias previas como desplazamiento, amenazas, abuso intrafamiliar o sexual.

Cada caso es una familia rota y una comunidad herida. La participación de menores en contenido digital armado expone a estigmatización y revictimización, y dificulta su restablecimiento de derechos y reintegración. En pueblos indígenas y afrodescendientes, el reclutamiento erosiona tejidos culturales y saberes, y llega a operar como una forma de violencia cultural sistemática. No hablamos de “casos aislados”: hablamos de proyectos de vida truncados y de memorias que empiezan a cargar con la guerra desde la adolescencia.

¿Y ahora qué?: Un llamado a la acción

No podemos quedarnos únicamente en la denuncia, el reclutamiento de niños, niñas y adolescentes es un problema que se puede prevenir, pero solo si actuamos en varios frentes al mismo tiempo. En primer lugar, necesitamos respuestas rápidas y cercanas a los territorios, eso significa que instituciones como la Defensoría del Pueblo, el ICBF, las personerías y las comisarías deben tener la capacidad de reaccionar de inmediato cuando un niño o una niña esté en riesgo. También implica respaldar a las guardias indígenas y comunitarias, que ya cuidan a los estudiantes en sus trayectos a la escuela o en eventos colectivos, porque son la primera línea de protección en lugares donde el Estado muchas veces no llega.

Pero la protección no se sostiene sin prevención comunitaria, es menester, ofrecer a la niñez y a la juventud espacios donde valga la pena quedarse, programas de arte, deporte, tecnología y becas que permitan continuar en la escuela y acceder a transporte seguro. La prevención también debe incluir el mundo digital, madres, padres y cuidadores necesitan herramientas para leer señales de riesgo en redes sociales, configurar la privacidad de los perfiles y, sobre todo, hablar con sus hijos sin miedo ni estigmas. Las escuelas, por su parte, requieren protocolos claros contra el acoso y rutas efectivas de denuncia; no basta con prohibir celulares, hay que enseñar a usarlos de manera segura y crítica.

Otro frente clave es la incidencia sobre las plataformas digitales ya que es inconcebible que grupos armados tengan carta blanca para circular videos y canciones que romantizan la guerra. Debemos exigir a TikTok, Facebook e Instagram que reconozcan la gravedad del contexto colombiano y actúen con moderación ágil en territorios de riesgo. Al mismo tiempo, tenemos que promover que los jóvenes creen contenidos alternativos, música, humor, micro-documentales que les devuelvan el orgullo a estilos de vida libres de armas.

La prevención también pasa por abrir oportunidades económicas y de reconocimiento, no es posible pedirle a un adolescente que rechace a un grupo armado si lo único que se le ofrece es desempleo y estigmatización, es necesaria la promoción de programas de formación técnica, empleo juvenil y capital semilla para proyectos locales. Y es vital reconocer públicamente a los jóvenes que lideran ligas deportivas, colectivos artísticos o medios comunitarios: ellos ya son referentes de resistencia.

Finalmente, está la atención psicosocial y la justicia, donde los niños y niñas que logran salir de las redes de reclutamiento no pueden ser tratados como criminales. Requieren acompañamiento en bienestar mental, con enfoque cultural. Deben ser protegidos en su reintegración, y la justicia debe concentrarse en los verdaderos responsables, los reclutadores y las redes que lucran de la guerra.

Desde REDEPAZ creemos que la clave está en tejer estos esfuerzos, unir investigación, pedagogía, comunicación y trabajo territorial. Nuestras cápsulas audiovisuales, las campañas en redes y el acompañamiento en comunidades tienen un objetivo fundamental, pasar de la sensibilidad a la acción, porque proteger a la niñez es proteger el futuro de Colombia.

Referencias:

Defensoría del Pueblo (12 feb 2024).  El reclutamiento de niñas, niños y adolescentes es un crimen de guerra que debe parar de inmediato. https://www.defensoria.gov.co/-/el-reclutamiento-de-ni%C3%B1as-ni%C3%B1os-y-adolescentes-es-un-crimen-de-guerra-que-debe-parar-de-inmediato 

Indepaz (2024). Los influencers de la guerra: Reclutamiento a menores a través de redes sociales (Video)  https://youtu.be/XHg8beJg_fE 

Naciones Unidas (27 de junio 2025). Atrapados en las redes del conflicto: aumento del reclutamiento de niñas y niños. Link:  https://www.hchr.org.co/historias_destacadas/nota-informativa-atrapados-en-las-redes-del-conflicto-aumento-del-reclutamiento-de-ninas-y-ninos/#_ftn1 

Naciones Unidas (27 de junio 2025) Las redes sociales, el nuevo vehículo de reclutamiento de menores de los grupos armados en Colombia. Link: https://news.un.org/es/story/2025/06/1539906 

Oficina del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, 27 Jun 2025, Atrapados en las redes del conflicto: aumento del reclutamiento de niñas y niños. https://www.hchr.org.co/historias_destacadas/nota-informativa-atrapados-en-las-redes-del-conflicto-aumento-del-reclutamiento-de-ninas-y-ninos/

 

Autor: Juan Riobo – Investigador

Reflexiones sobre la importancia del desarme en Colombia

Reflexiones sobre la importancia del desarme en Colombia

En Colombia, desde la década de los ochenta se han realizado múltiples intentos de diálogo con varios de los grupos armados involucrados en el conflicto. Estos procesos han buscado el cese a la violencia, pero el camino ha sido lento, con muchos obstáculos y no han involucrado a la mayor parte posible de los actores. Aunque las condiciones para el desarme, incluido el civil, parecen todavía más desalentadoras, son medidas urgentes y necesarias para la erradicación de la violencia armada en el país.

Se entiende el desarme como el proceso para reducir y eliminar el acceso a las armas de todo tipo, desde dispositivos convencionales y de impacto humanitario, municiones y explosivos, hasta de tipo nuclear, químico, biológico y radiológico (Cancillería, s.f). Sin embargo, el foco está puesto principalmente en los primeros, pues representan aquellos dispositivos diseñados para lesionar, hacer daños y/o quitar la vida, y los procesos de desarme han involucrado especialmente a grupos guerrilleros y paramilitares del país.

Historia del desarme en Colombia: avances y aprendizaje

En 1953 se registró el primer proceso de desarme de un grupo armado en Colombia, en el departamento de Casanare, cuando más de 300 combatientes de la guerrilla al mando de Guadalupe Salcedo acordaron dejar sus fusiles (Avendaño, 2017). Posteriormente, dos meses previos a su asesinato, Carlos Pizarro y combatientes del M-19 entregaron sus armas en Tacueyó, Cauca; y por su impacto y participación política de gran parte de los miembros del grupo armado, este se considera uno de los procesos de desarme más exitosos y duraderos (González, 2014). Luego, entre 2002 y 2006 se realizaron procesos importantes de Desarme, Desmovilización y Reintegración (DDR) con grupos paramilitares (González, 2014). Finalmente, en 2017 combatientes de los diferentes frentes de las FARC-EP realizaron acciones de dejación de armas en 26 puntos del país posterior a la firma del Acuerdo de Paz en 2016 (Avendaño, 2017) (Velásquez, 2017). 

Con esto, es relevante resaltar que el proceso de desarme en Colombia ha presentado muchos retos, pues factores como el aumento de percepción a favor del porte de armas de fuego, el tráfico y posesión ilícita de armas, así como la fuerte presencia de crimen organizado en el país, dificultan el avance en esta materia y la reducción de los hechos violentos (Carrillo, 2017). 

Más allá de las cifras: el impacto en la vida cotidiana

En lo corrido del 2024 se reportaron 13.368 casos de homicidio en el país, cuyas cifras más altas se distribuyen entre las ciudades de Cali, Medellín, Bogotá, Barranquilla y Cartagena (Torres, 2025). Hasta finales de noviembre de 2024 se habían incautado más de 18.000 armas de fuego en todo el país y en Bogotá, con el Plan Desarme, para octubre de este mismo año se lograron incautar 1.092 armas de fuego y más de 99.000 armas cortopunzantes (Grandas, 2024) (Redacción Semana, 2024). Se calcula que en la capital hay un aproximado de tres millones de armas ilegales de fuego circulando (Redacción Semana, 2024). Ahora, hasta julio de 2025, la mayoría de los casos de homicidio reportados en la ciudad fueron realizados con armas de fuego y se han incautado más de mil armas de fuego ilegales, mientras que los homicidios con arma cortopunzante se han reducido considerablemente los últimos tres años (Castellanos, 2025). 

Estas cifras son un breve retrato del panorama actual de la situación del uso de armas en el país, incluyendo el recrudecimiento del conflicto armado en varios municipios, sin embargo, el propósito de esta publicación alude especialmente al uso de armas de cualquier tipo por la ciudadanía colombiana. 

Resulta claro para muchos las consecuencias del tráfico de armas y el crimen organizado, el acceso facilitado y la distribución en espacios comerciales de estos dispositivos convencionales hacen parte de los factores que contribuyen al sostenimiento de este problema; países como Estados Unidos, Brasil y México, son un ejemplo de ello. En este sentido, es importante que la población civil colombiana comprenda la necesidad de la reducción y eliminación del porte de armas, incluso como mecanismo de defensa personal, al ser amenazas latentes contra la vida y la dignidad de todas las personas en el país; supone pues un principio de transformación ética y cultural para la construcción de una paz sólida y sostenible. 

Aunque se ha avanzado en los procesos de construcción de una cultura de paz que permita la resolución pacífica de conflictos y la convivencia armoniosa, pese a las diferencias entre los habitantes de los territorios, es urgente y necesario el fortalecimiento del proceso de desarme en Colombia, pues las garantías del respeto a la vida y la dignidad de los colombianos es responsabilidad del Estado, quien además debe ser riguroso en la resolución de las falencias estructurales e institucionales que entorpecen el cumplimiento de los objetivos. Estas falencias incluyen además el empeoramiento de las condiciones de seguridad, la ausencia estatal en los territorios y la falta de control del crimen en el país, condiciones que además sirven como justificación para la adquisición de armas de cualquier tipo bajo la premisa de la legítima defensa y garantías de seguridad personal; sin embargo, la verdadera solución es otra: construir un país en el que las armas no sean necesarias para tal percepción de seguridad, ni un medio para garantizar condiciones de vida digna.

Como bien menciona Julia Palik (2024) en su artículo Cómo el desarme de las FARC en Colombia transformó las armas en símbolos de paz:

La experiencia colombiana subraya que el desarme es un proceso tanto práctico como profundamente simbólico. Aunque no siempre elimine por completo la violencia o las armas, su simbolismo y su impacto emocional pueden ser decisivos para fomentar la confianza y la solidaridad en las sociedades que salen de un conflicto.

Es así como la eliminación de la violencia y la construcción de paz en el país se constituyen como procesos de responsabilidad colectiva, como pilares basados en el principio ético de protección y cuidado de la vida, que necesitan de la cooperación, creatividad y voluntad.

En este sentido, apelando al rechazo del uso de armas y a una cultura de violencia como método para resolver conflictos, REDEPAZ siempre defenderá el derecho a la vida, a la dignidad humana, al bienestar y a la protección de cada civil en Colombia.

Referencias:

Avendaño, D (2017) Los retratos de tres desarmes históricos en Colombia. El Tiempo. https://www.eltiempo.com/politica/proceso-de-paz/desarmes-historicos-en-colombia-66004

Cancillería (s.f) Desarme y no proliferación. Cancillería de Colombia. https://www.cancilleria.gov.co/international/politics/security

Carrillo, E (2017) Understanding arms trafficking in Colombia. OpenDemocracy. https://www.opendemocracy.net/en/democraciaabierta/understanding-arms-trafficking-in-colombia/

Castellanos, M (2025) En 448 homicidios y en 21 secuestros extorsivos en Bogotá han usado armas de fuego ¿Qué hay detrás del incremento en el uso de este tipo de armas? El Tiempo. https://www.eltiempo.com/bogota/en-448-homicidios-y-en-21-secuestros-extorsivos-en-bogota-han-usado-armas-de-fuego-que-hay-detras-del-incremento-en-el-uso-de-este-tipo-de-armas-3484992

González, M. (2014) PROCESOS DE DESARME, DESMOVILIZACION Y REINTEGRACION (DDR) GRUPOS PARAMILITARES EN COLOMBIA (2002-2006). Universidad Militar Nueva Granada. https://repository.umng.edu.co/server/api/core/bitstreams/f449dc06-e140-4dcd-bf19-97808da2952f/content

Grandas, S (2024) ‘Plan Desarme’ para contención del delito en Bogotá van 100 mil armas incautadas. Alcaldía de Bogotá. https://bogota.gov.co/mi-ciudad/seguridad/plan-desarme-en-bogota-van-mas-de-100-mil-armas-incautadas

Palik, J (2024) Cómo el desarme de las FARC en Colombia transformó las armas en símbolos de paz. The Conversation. https://theconversation.com/como-el-desarme-de-las-farc-en-colombia-transformo-las-armas-en-simbolos-de-paz-245685

Redacción Semana (2024) Colombia está inundada de armas de fuego: así opera el mercado criminal del tráfico y alquiler en Bogotá. Se consiguen desde 15.000 pesos. Semana. https://www.semana.com/politica/articulo/colombia-esta-inundada-de-armas-de-fuego-asi-opera-el-mercado-criminal-del-trafico-y-alquiler-en-bogota-se-consiguen-desde-15000-pesos/202404/

Torres, N. (2025) Radiografía de la seguridad en Colombia 2024: Ciudades más seguras y un conflicto que se desplaza. CW+. https://cwmas.com.co/colombia/2025/01/31/radiografia-de-la-seguridad-en-colombia-2024-ciudades-mas-seguras-y-un-conflicto-que-se-desplaza/

Velásquez, C (2017) Se comenzaron a desarmar las Farc. El Tiempo. https://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-16831789

 

Autor: Sara Rojas – Pasante de Psicología de la Universidad Externado de Colombia