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Derechos en el fútbol: reflexiones desde la cancha

Derechos en el fútbol: reflexiones desde la cancha

La paz se teje en todos los escenarios donde las personas viven, sueñan y trabajan. También en la cancha.

Lo que ocurrió en la fecha 20 de la Liga BetPlay II 2025, cuando los futbolistas de distintos equipos decidieron sentarse o recostarse en el césped apenas sonó el pitazo inicial, no fue un simple gesto deportivo: fue una acción de protesta pacífica y colectiva por la dignidad laboral y los derechos en el fútbol profesional colombiano.

¿Qué pasó en la fecha 20?

Durante los partidos de la jornada, en varios estadios del país, los equipos esperaron el silbato inicial para, en vez de correr tras el balón, sentarse o recostarse en el césped por algunos segundos. Un gesto sencillo, pero contundente, que fue visto en televisión, redes y tribunas, y que rápidamente generó conversación.

La Asociación Colombiana de Futbolistas Profesionales (ACOLFUTPRO) explicó que este acto era una respuesta al incumplimiento de la Dimayor y de la Federación Colombiana de Fútbol (FCF), que el pasado 6 de noviembre decidieron no firmar un acuerdo laboral consensuado desde el 29 de septiembre, tras un proceso de diálogo donde también participó el Ministerio del Trabajo.

El mensaje de los jugadores fue directo:

  • Están ejerciendo su derecho fundamental a la protesta.
  • Reclaman la firma de un acuerdo laboral que recoge avances concretos en sus condiciones de trabajo: un calendario más justo, reglas claras, garantías contractuales y reconocimiento de su organización gremial.

En los mismos días, se conoció la cancelación del registro sindical de ACOLFUTPRO por parte del Ministerio del Trabajo, una decisión que agrava la vulnerabilidad de los futbolistas como trabajadores y que genera preocupación desde una perspectiva de derechos humanos y libertad de asociación.

Lo que está en juego: trabajo digno, diálogo y derechos humanos

Esta protesta no puede leerse sólo como un desacuerdo entre directivos y jugadores. Hay asuntos de fondo que tocan dimensiones sociales más amplias:

  • El derecho al trabajo digno: los futbolistas son trabajadores, no sólo protagonistas del espectáculo. Necesitan reglas claras, estabilidad, descanso, salud y protección social.
  • El derecho a la organización y a la negociación colectiva: fortalecer organizaciones gremiales como ACOLFUTPRO forma parte de las garantías democráticas de cualquier sociedad. Su debilitamiento y desconocimiento envía señales preocupantes en el ámbito laboral.
  • El derecho a la protesta pacífica: sentarse unos segundos no afecta la integridad de nadie; es una expresión simbólica legítima que apela a la conciencia colectiva.

La protesta no violenta ha sido históricamente una herramienta efectiva para visibilizar injusticias, impulsar transformaciones y abrir rutas de diálogo cuando otros mecanismos no han sido suficientes. Ese es el sentido profundo del gesto realizado por los futbolistas.

La paz se juega dentro y fuera de la cancha

El fútbol tiene una enorme capacidad de convocar multitudes, emociones e identidades. Por eso, lo que ocurre en una cancha también refleja lo que somos como país.

Cuando los futbolistas se sientan en el césped para decir “así no se puede seguir”, recuerdan que la paz no es solo ausencia de armas, sino también la existencia de relaciones laborales justas, participación real y respeto por la dignidad de quienes trabajan.

La imagen de los jugadores sentados unos segundos antes de iniciar el partido, deja una pregunta que va más allá del deporte: ¿Qué partido queremos jugar como sociedad: el de la indiferencia o el de la dignidad y la justicia? 

Autor: Julián Patiño – Voluntario de Comunicación Social

Metodología pedagógica desde el amor para la paz

Metodología pedagógica desde el amor para la paz

Colombia, al igual que muchos territorios del mundo, ha sido testigo de historias marcadas por la violencia y la desconfianza. Esas heridas han fragmentado el tejido social, dejando huellas profundas en las comunidades y especialmente en los niños y jóvenes que crecen entre hilos rotos de memoria y esperanza. Frente a ello, la educación se erige como un espacio de evolución del pensamiento, del sentir y del hacer, un escenario donde el aprendizaje se convierte en un acto de transformación interior y colectiva. La metodología pedagógica basada en el amor por la paz invita a reconstruir el tejido de la vida comunitaria, no desde el dolor, sino desde la conciencia, la comprensión y el crecimiento humano.

Círculo de afectos

El amor como hilo que impulsa la evolución

El amor es el primer hilo que permite entrelazar las experiencias humanas hacia la evolución del ser. Enseñar desde el amor significa comprender que educar no es llenar de contenidos, sino despertar la sensibilidad, el respeto y la empatía. En comunidades afectadas por la violencia, el amor pedagógico se convierte en un puente para transformar el miedo en confianza y la indiferencia en compromiso. Cuando el maestro enseña desde la ternura, fomenta en sus estudiantes la capacidad de evolucionar emocionalmente, de comprender al otro y de construir su propio equilibrio interior.

 La paz como tejido consciente y colectivo

La paz se teje en comunidad, con las manos, las palabras y los actos. No es solo ausencia de conflicto, sino presencia de entendimiento, cooperación y evolución moral. En el aula, la paz se construye a partir de gestos cotidianos: escuchar sin juzgar, dialogar con respeto, valorar la diversidad y asumir los conflictos como oportunidades de crecimiento. Cada niño y joven se convierte en una hebra que aporta color, fuerza y significado al tejido común de la convivencia. Desde la pedagogía del amor por la paz, la escuela deja de ser un lugar de instrucción para convertirse en un laboratorio de humanidad, donde se aprende a convivir, a reflexionar y a transformar las emociones en acciones positivas.

Metodologías que acompañan la evolución del ser

Las metodologías pedagógicas inspiradas en el amor por la paz parten del reconocimiento de la vida como un proceso de evolución continua. Algunas estrategias fundamentales son:

  • Círculos de palabra y diálogo: espacios para compartir vivencias, comprender emociones y fortalecer la identidad colectiva.
  • Aprendizaje-servicio comunitario: experiencias que unen el conocimiento con la acción social, promoviendo la corresponsabilidad y el liderazgo transformador.
  • Pedagogía del arte y la creatividad: la música, la pintura y el teatro actúan como canales para expresar sentimientos, liberar emociones y evolucionar espiritualmente.
  • Educación emocional y restaurativa: fomenta la reflexión, la autorregulación y la comprensión profunda del impacto de nuestras acciones.
  • Trabajo intergeneracional y comunitario: integra familias, docentes y líderes locales para fortalecer el tejido social desde una mirada de progreso compartido.

Estas metodologías invitan a los estudiantes a aprender no solo para saber, sino para sentir, actuar y transformar, reconociendo que la evolución del ser humano nace de la coherencia entre pensamiento, emoción y acción.

El maestro como tejedor de conciencia y esperanza

El docente es un sembrador de evolución interior. Su tarea no se limita a enseñar, sino a acompañar procesos de crecimiento emocional, ético y espiritual. En su palabra, su gesto y su ejemplo, el maestro ofrece un camino de equilibrio y apertura. Su labor consiste en ayudar a que los estudiantes descubran el poder de la palabra, la fuerza de la empatía y la belleza de convivir en paz. Desde esa conciencia, el maestro deja de ser un simple guía académico y se convierte en un constructor de caminos, un tejedor de luz que impulsa la transformación de las comunidades.

Educar desde el amor por la paz es apostar por la evolución del pensamiento, del sentir, del hacer y de las acciones. Es creer que los seres humanos podemos evolucionar desde adentro, tejiendo con conciencia y esperanza nuevas formas de convivir. Cada palabra, cada gesto y cada aprendizaje son puntadas que ayudan a recomponer el tejido de la vida social y espiritual. La paz no se enseña; se vive, se cultiva y se comparte. Y cuando la educación y la metodología pedagógica se fundamentan en el amor, la humanidad da un paso más en su evolución hacia la plenitud, el respeto y la armonía colectiva.

Metodología pedagógica

Autor: Alba Lucia Varela Moreno Varela – FUNDEHUMAC